En un mundo de productividad, trabajar bajo presión resulta más normal que las mismas labores. Afanarse por “lo que hay que hacer” es el pan de cada día. Y si fuera poco, pensar en lo traumático del pasado hace parte de nuestros pensamientos regulares.

El estrés maximiza el potencial mental y aumenta la productividad, pero a largo plazo no tiene los mismos efectos. Las investigaciones, que a diario vemos, demuestran que enfermedades de todo tipo son la consecuencia de no saber manejarlo.

Activar las hormonas del estrés depende del manejo que nuestra psique le da a circunstancias de reacción inmediata o a pensamientos repentinos. También son llamadas glucocorticoides, entran en el cerebro y agudizan los sentidos, mejorando ciertos aspectos del lenguaje y la memoria. Se está más alerta y los niveles de concentración también aumentan.

La principal hormona epinefrina, que conocemos más como adrenalina, cumple la función de transformar la energía acumulada en otras sustancias más simples: ácidos grasos y glucosa. Cuando la energía transformada llega a los músculos, las reacciones son rápidas.

Las alteraciones que produce el estrés pueden entenderse en los diferentes sistemas, en el cardiovascular, por ejemplo, la fluctuación en la presión sanguínea provoca daños en las paredes de los vasos sanguíneos. La grasa, la glucosa y el colesterol movilizados por la respuesta metabólica al estrés tienen mayores posibilidades de adherirse a la pared dañada.

Bien decíamos que estas hormonas activan las neuronas y la agilidad mental. Pero un estrés prolongado significa estar propenso a la ansiedad por los glucocorticoides, los cuales dilatan las neuronas de la amígdala, región encargada del temor y angustia, incremetando, en lapsos largos, reacciones tardías.

También se debilitan las neuronas en el hipocampo, recordemos que esta parte del encéfalo interviene en el aprendizaje y la memoria, afecta también la corteza frontal, determinante en los procesos de raciocinio y de la misma forma es influyente en la toma de decisiones.

Además, también se agotan las concentraciones y en consecuencia se alteran los fluidos de dopamina, sustancia que al ser segregada sirve como reconfortante para el dolor, al estar asociada directamente con el placer. La dopamina también es concerniente a la recompensa por lo que al haber una deficiencia de esta hormona y neurotransmisor, hay mayores riesgos de caer en estados de depresión.

Es importante mantener una estabilidad mental, física y emocional para saber afrontar las situaciones que se presentan diariamente. Tener el control del cuerpo significa asegurar, en gran medida, la vejez. Por ello la recomendación de los científicos que desde hace treinta años tratan este tema, es mantener el estrés en la mano, manejándolo como pelotas: establecer horarios para las diferentes actividades, alternar funciones y contemplar espacios para la relajación.

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